Animal Crossing New Horizons: Una isla para la evasión

1 abril, 2020Isaac López Redondo

Dicen que los videojuegos, al igual que un buen libro o una buena película, pueden ser un fantástico recurso para la evasión, una puerta abierta a otros lugares que solo pueden existir en nuestra imaginación y que nos alejan del tedio, de la rutina, de las preocupaciones del día a día. Ahora que las calles se han quedado vacías y las puertas de cada casa constituyen muros infranqueables, ahora que el mundo real se ha detenido para hacerse intangible, ahora que el universo vive confinado en las paredes de cada hogar… la evasión se ha convertido en una alternativa necesaria. Es como si el planteamiento de Animal Crossing: New Horizons cobrara mayor sentido en las circunstancias actuales. La nueva entrega de la popular saga de Nintendo nos propone una huída hacia algún lugar remoto, convirtiéndonos en el portavoz vecinal y principal responsable de una isla desierta en la que empezaremos desde cero, casi con lo puesto, con apenas una tienda de campaña y algún que otro utensilio mínimo en nuestro poder. Todo lo que veremos crecer a nuestro alrededor será fruto de nuestro esfuerzo. En ocasiones, actuaremos como agricultores; en otras, como vendedores; y siempre con la tarea en mente de recolectar, así como de diseñar y construir todo lo que ofrece este mundo ficticio en el que reina la paz y la felicidad. Pero… ¿todo es tan bonito como parece? Ciertamente, sí.

En esta especie de simulador social –por catalogarlo de alguna manera– no hay lugar para un mal gesto,  no hay malos rollos, todo está envuelto en un ambiente de fraternidad que se acompasa con el ritmo de vida sosegado que impone la isla. En un primer momento, solo contaremos con la compañía del mítico Tom Nook y los peculiares comerciantes Tendo y Nendo, siempre dispuestos a vender y comprar materia prima de cualquier naturaleza. En cuanto a Nook, artífice de nuestra llegada a la isla, no cesará en su empeño de hacernos «prosperar» en este nuevo entorno, sugiriendo ideas, proyectos y tareas que realizar en este lugar paradisiaco. También ofrecerá sus servicios inmobiliarios a cambio de evidentes contraprestaciones económicas. Porque Animal Crossing, bajo esa estética colorida y kawaii, tras ese modo de vida sosegado y armónico, esconde un indiscutible mensaje de capitalismo exacerbado, ya analizado de manera magistral por Pablo Algaba en su libro La Aldea Feliz. Un viaje a través de Animal Crossing, donde señala también una de las claves del éxito de la franquicia:

«Pescar, cazar y coleccionar insectos, regar las plantas, comprar muebles, realizar pequeños recados para pagar el préstamo de nueva casa, observar constelaciones en el cielo nocturno, escribir cartas a tus amigos o interactuar con los vecinos son las actividades principales de un videojuego comprometido con la idea de bajarte la ratio de pulsaciones por minuto, no acelerarlas hasta que la adrenalina te chorree por las orejas».

En efecto, esta nueva entrega vuelve a ofrecer una propuesta alejada de la agresividad y la euforia que impera en las mecánicas de la mayoría de los videojuegos del momento y, al igual que aquella primera entrega que vio la luz en 2001, la franquicia Animal Crossing sigue seduciendo a todo tipo de jugadores, habituales o casuals, adultos o pequeños, siempre con la premisa de jugar despacio. No hay un premio mejor para el que alcanza un objetivo más deprisa, ni penalización alguna para que el que no logra determinados objetivos.

Llama la atención la manera en que el juego premia nuestro espíritu comunitario, al entablar amistad con nuestros vecinos, que irán creciendo en número a medida que realicemos determinadas tareas, sin olvidar esas otras labores a las que puede contribuir cada uno de los habitantes para mejorar las infraestructuras de la isla y, en definitiva, la vida en ella. Nuestros vecinos, además de ciertos personajes que visitarán puntualmente este paradisiaco territorio insular, nos obsequiarán a menudo con pequeños regalos como muestra de agradecimiento o simplemente de afecto.

Pero hasta aquí nada nuevo que no hayamos visto en anteriores títulos de la saga. La fórmula vuelve a repetirse y funciona como esa especie de bálsamo que siempre constituyó. Los primeros pasos en la isla nos recordarán a los primeros pasos que ya dimos en New Leaf, pero en un entorno diferente. Volveremos a ver caras conocidas y entablaremos amistad con nuevos personajes. El gran salto adelante de New Horizons tiene que ver con la posibilidad de fabricar objetos, realizar diseños artísticos o modificar el entorno para convertir en realidad la isla de nuestros sueños. Todo ello con un aspecto gráfico desbordante, repleto de color, colmando cualquier expectativa generada antes de su lanzamiento.

Jugar a Animal Crossing: New Horizons es una experiencia relajante, satisfactoria, para saborear sorbo a sorbo, sin prisas, gracias a ese especie de reloj interno que nos invita a descansar y a dejar el mando en el cajón tras una larga sesión de juego. El título está programado para que las sorpresas se sucedan lentamente, día a día: si liquidamos el préstamo concedido para ampliar nuestra vivienda, no podremos comprobar el nuevo aspecto de la casa hasta el día siguiente; si cumplimos alguna tarea encomendada por Tom Nook o si queremos ver construido el museo de Sócrates en el que se expondrán los peces, insectos o fósiles que consigamos, tendremos que ser pacientes y esperar a que llegue el momento de la inauguración. 

No es un juego, por tanto, diseñado para grandes atracones, pero sí tiene la capacidad de mantenernos enganchados a lo largo del tiempo, pues sabe despertar nuestra ilusión como jugadores y hacernos regresar con frecuencia a esa isla en la que comenzamos una nueva vida. Día tras día querremos volver a pasar por ella para recoger frutas, regar las flores de nuestro jardín, ir de pesca o usar nuestro tirachinas para alcanzar ese paquete envuelto en papel de regalo que sobrevuela la isla sujeto a un globo. Cámbiate de ropa, renueva tu peinado, selecciona tu melodía favorita en el magnetófono o tocadiscos, completa tu colección de bichos… Pero sobre todo sal a pasear con algún amigo para contemplar un bello atardecer mientras el cielo se va poblando de estrellas. Y no olvides pedir un deseo si alguna estrella fugaz hace acto de presencia. Tal vez este sea el mejor momento para la evasión. La otra vida, la verdadera,  esa que ahora está atrapada entre paréntesis, te estará esperando para que la disfrutes como siempre debiste hacerlo: sorbo a sorbo, saboreando cada momento.

Comentarios (1)

  • Ghibli92

    8 abril, 2020 at 6:50 pm

    Me parece una review muy acertada y con muchos matices,y no tan edulcorada como en otros medios.
    El lenguaje que utilizas para expressar lo que has experimentado, me parece sublime y sin rodeos.Diria que en algunas frases algo en mi interior se ha removido.
    Y el broche de oro que mencionas al final me parece sensacional.

    Muchas gracias por brindarnos esta crítica tan fabulosa.

    Un gran saludo desde una aldea de Tarragona.

    Jordi.

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