‘Bugsnax’: un buen snack siempre apetece

5 marzo, 2021Francisco Perez Martin

Recuerdo la primera vez que vi algo sobre Bugsnax. Fue en un evento de Sony en el que presentaron algunos juegos para PS5, y mis primeras impresiones fueron bastante frías, lo que hizo que no lo tuviese muy en cuenta. Puede que fuese por el apartado visual —parecía de dos generaciones anteriores—, porque no parecía aportar nada interesante a nivel jugable o, básicamente, porque no entendía nada de lo que ocurría en el tráiler que mostraron. Con el tiempo, mis expectativas no cambiaron mucho, hasta que escuché en el Podcast Reload de Anait que el título ofrecía más de lo que parecía. Así que me dejé influenciar y me animé a probarlo para ver qué es lo que tenía Bugsnax. También os digo que el hecho de que estuviese en PlayStation Plus facilitó mucho las cosas para que me adentrará en su propuesta.

Bugsnax nos pone en la piel —bueno, en la felpa— de un gruñeco, los seres antropomórficos de esta historia, de profesión periodista que ha tenido momentos mejores. Entonces, llega a su poder una cinta de vídeo en la que una exploradora, Lisa, dice haber descubierto una isla repleta de unos seres bastante peculiares. Estos seres son, por supuesto, los Bugsnax, que son una mezcla entre insectos y comida, además de dar nombre al juego. Nosotros, incitados por nuestro instinto periodístico, nos pondremos en camino para ver si esa historia es cierta o es simplemente una patraña absurda, como nos sugiere nuestra editora.

Sufriremos un accidente que nos deja algo tirados, y tras llegar a la isla Tentempié —lugar en el que se encuentran Lisa y su campamento de gruñecos— descubriremos que Lisa ha desaparecido misteriosamente y el resto de habitantes del asentamiento se han desperdigado por la isla, después de los sucesos que derivaron en la desaparición de la exploradora. A partir de ahí, comienza una aventura en la que tendremos que utilizar nuestras dotes de periodista para investigar la desaparición de Lisa, buscar respuestas e intentar encontrarla.


Para llegar hasta las respuestas de la desaparición de Lisa, primero tendremos que dar con el paradero de todos los gruñecos que habitaban el campamento y hacer que vuelvan a Snaxburgo, la pequeña aldea que sirve como epicentro del asentamiento en isla Tentempié. Para ello, tendremos que explorar cada una de las zonas y una vez vayamos encontrando a estos peculiares seres, a los que tendremos que hacerles una serie de favores —lo que vienen a ser las misiones de este juego, ya sean principales o secundarias— para convencerles y que regresen a casa. Estos favores se basan en buscar y capturar Bugsnax con el fin de, en su gran mayoría, alimentar al gruñeco de turno. Esto nos llevará a descubrir una de las cosas más curiosas de este juego.

El efecto que tienen los Bugsnax en los gruñecos es algo tan peculiar como, en cierto modo, perturbador. Cuando ingieren uno de estos bichos, las partes de su cuerpo mutan, transformándose en lo que han comido. Básicamente, llevan a su máxima expresión lo de «somos lo que comemos». Quizás, estéticamente no es algo muy agradecido de ver, pero dota al título de un trasfondo de terror, a pesar de estar camuflado con todo ese colorido y ese humor tan marcado que luce. Cuando hablo de terror, me refiero a las sensaciones que el juego quiere transmitir con esa idea —en mi opinión, lo cumple con creces—, que se refuerza con algunos aspectos de la trama que envuelven a la isla Tentempié y a la desaparición de Lisa.

Con esta capa de misterio, el juego gana mucho en profundidad. Hay varios momentos que nos harán preguntarnos sobre lo que está pasando realmente alrededor nuestro y del resto de gruñecos. Y, por supuesto, con los Bugsnax. El juego mantiene siempre un toque amigable e inocente, pero aun así consigue transmitir esa aura de mal rollito que tan bien le sienta, siendo uno de sus grandes atractivos. Pero, si hablamos de los grandes atractivos de este juego, no podemos olvidar todo lo referente a la forma en la que están representados los gruñecos,. Todos ellos tienen personalidades diferentes y muy marcadas —recurriendo a lo tópico y evidente, lo que lo hace mejor, incluso—, lo que les lleva a tener unas relaciones entre sí de lo más entretenidas y tiernas, en muchos casos.

Todo lo que es la exploración y la caza de Bugsnax parece algo bastante llamativo y divertido

Conforme vayamos ayudando a los aldeanos, y especialmente cuando podamos entrevistarlos, iremos conociendo más en profundidad cómo son, qué motivaciones les llevaron a la isla y qué saben de todo lo que ocurre, entre otras muchas cosas. Para mí todo esto es lo que mejor funciona en el juego, todo lo que nos cuenta —y lo que no— y el cómo lo hace me parecen los dos pilares principales de esta experiencia. Lo que parecía que iba a ser el pilar principal de esta obra es su jugabilidad, pero al final acaba quedándose en un segundo plano. Todo lo que es la exploración y la caza de Bugsnax parece algo bastante llamativo y divertido ya que nos darán varios elementos para investigarlos y capturarlos.

Al inicio, se presenta como un auténtico gustazo el ir por ahí observando con nuestro escáner detenidamente a estos seres híbridos, averiguando qué les gusta, qué odian, de qué tipo son, si tienen un horario concreto en el que se pueden encontrar, o cómo podemos hacernos con ellos. En varias ocasiones, esto será un auténtico reto. Desde bien pronto, el juego empieza a poner a nuestra disposición algunos artilugios para facilitarnos la faena de atrapar Bugsnax. Comenzaremos con una trampa que se activa a distancia y con un tirachinas para lanzar ketchup —sí, exacto, ketchup—. Más adelante iremos obteniendo más herramientas para ayudarnos en nuestras capturas, entre las que se encuentran más salsas que utilizaremos cuando llegue el momento. Lo interesante llega cuando el juego nos deja investigar cómo utilizar todos estos artilugios, teniendo en algunos casos que combinarlos para poder hacernos con nuestros objetivos. La verdad es que es bastante satisfactorio averiguar qué mecánicas podemos utilizar y cuáles no.

Con todos estos ingredientes es difícil pensar que la cosa vaya a menos pero, como decía antes, estas mecánicas acaban quedándose en un segundo plano. Lo que en un principio resulta estimulante acaba convirtiéndose en algo tedioso y repetitivo, y antes de desbloquear todas las zonas de la isla ya habremos descubierto las costuras del juego. No es que la propuesta jugable vaya a peor, pero sí es incapaz de ofrecer ideas nuevas, abusando de las mismas interacciones con nuestras herramientas para capturar Bugsnax. La repetición es algo que también afecta a los  Bugsnax, ya que llegará un momento en el que muchos de ellos se repetirán, pero en una variante diferente —algo que apenas afectará a la forma de capturarlos—. Todo esto es una verdadera pena, ya que la recta final del juego se te puede hacer algo pesada, aunque merece la pena quedarse hasta el final, ya que su historia y sus personajes contrarrestan esa sensación de pesadez.

Bugsnax no es un juego precisamente largo, pero sí me ha durado más de lo que me esperaba. Más o menos, en unas 10 o 12 horas terminé el juego. Sinceramente, es un gustazo toparse con estos títulos que te ofrecen unas experiencias más condensadas, con un buen planteamiento narrativo que consigue sobreponerse a lo malo que pueda tener esta obra. Sin duda, es uno de los principales motivos por los que recomendaría este juego.

Ahora vamos a hablar del apartado gráfico de Bugsnax. Como dije al principio, nunca me llegó a convencer, siempre lo he visto muy desfasado. La propuesta de Young Horses apenas puede escudarse en ser un juego indie. Por mucho que lo intente lo tiene difícil para justificar un apartado tan pobre, aunque al final te das cuenta de que no parece que tuvieran la intención de hacer de esto su gran atractivo. Acabas aceptándolo como tal, hasta te acabará gustando, gracias a que artísticamente es un concepto muy bien desarrollado que cumple con creces. De hecho, lo desfasado de su apartado técnico refuerza la parte macabra de este juego. En cuanto al rendimiento, en mi caso no me he encontrado con ningún problema, siempre me ha ido bastante fluido, así que no puedo poner ninguna pega aquí.

La música y el sonido del juego están bastante bien, sin destacar por encima de nada, y saben cumplir con su cometido. Desde luego, es un buen acompañante para esta experiencia. Lo que sí que hay que mencionar es que sí que sabe ponerte en tensión cuando es necesario, no serán muchas las ocasiones que tendrá, pero sí las suficientes como para ver que hay una verdadera intención detrás de todo esto. También me gustaría destacar todo lo que es la traducción del juego, me han gustado bastante las adaptaciones de los nombres de los personajes. Lo que hace que se refuerce mucho el apartado humorístico del título. En general, un buen trabajo de localización que afecta positivamente a la experiencia.

En resumen, Bugsnax tiene una serie de elementos que hacen de él una propuesta atractiva y que invitan a que nos adentremos en este juego en primera persona. Young Horses ha sabido crear un juego que ofrece mucho más bajo su superficie de lo que a primera vista pueda parecer —donde podemos encontrar toques de terror escondidos bajo los colores y todos los seres que dan nombre al juego—, y sabe tratar las diferentes formas de ser de cada gruñeco y las relaciones entre sí. Quizás el apartado gráfico no sea lo mejor que tiene, algo que compensa su enfoque artístico, pero sí hay algo que realmente ha resultado ser uno de los puntos flojos de este juego es su jugabilidad, que después de regalarnos una buena variedad de posibilidades, llega un momento en el que se convierte en uno de los lastres del juego, repitiéndose más de lo que se esperaba. Aun así, Bugsnax merece ser jugado por su historia y todo lo que eso conlleva.

Dicho esto, voy a comer algo.

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