Cuando Capcom se olvidó de Mega Drive

22 octubre, 2021Nacho M. Martín

STREET FIGHTER CAPCOM MEGA DRIVE

La irrupción de la Sega Mega Drive supuso un cambio importante en el mundo de los videojuegos, ya que puso fin al monopolio que ostentaba Nintendo y dio inicio a lo que se llamó «la guerra de las consolas», un periodo que ha sido magistralmente tratado por Blake J. Harris en su libro Console Wars, editado por Héroes de Papel. Además, motivó un nuevo rumbo en las third parties —compañías desarrolladoras independientes—.

A finales de la década de los 80, la Nintendo Entertainment System (NES) era la consola de moda en el mercado y la que todo niño quería tener. Es más, llegó un momento que las madres utilizaban el término «Nintendo» para referirse a cualquier consola de videojuegos. Por entonces, Nintendo copaba el noventa por ciento del mercado de los videojuegos. Tanto en Estados Unidos —3.000 millones de dólares— como en Europa y en tierras niponas su dominio también era aplastante. 

Este monopolio colocó en una posición de poder a Nintendo, con la que pudo obligar a las third parties a que firmaran un acuerdo de exclusividad si querían hacer juegos para NES. Por regla general, esos acuerdos establecían que los desarrolladores solo podían hacer juegos para la NES —por lo que, para desarrollar para otra plataformas, los desarrolladores creaban compañías filiales— y como máximo podían sacar cinco títulos para esta consola. 

ninja gaiden

Estas estrictas pautas impuestas a los desarrolladores externos fueron ideadas por el entonces presidente de Nintendo, Hiroshi Yamauchi, con el objetivo de mantener una calidad mínima en los juegos y evitar terminar como Atari tras la crisis del videojuego de 1983. Sobra decir que las third parties no estaban muy contentas con estas medidas, pero el hecho de que Nintendo tuviera casi todo el control del mercado les dejó pocas alternativas. De esta manera, la NES recibió juegos de otras compañías que, o bien llevaron a la consola de Nintendo a la máxima expresión de jugabilidad, como Duck Tales (Capcom, 1989), Bionic Commando (Capcom, 1988) o Ninja Gaiden (Tecmo, 1989), o bien iniciaron legendarias sagas de la historia de los videojuegos como Mega Man (Capcom, 1987), Castlevania (Konami, 1987) o Final Fantasy (Square, 1990). 

castlevaniaPero la llegada de la Mega Drive, la gran apuesta de Sega, hizo que cambiara todo. Las agresivas campañas de marketing de la compañía con base en Shinagawa, que incidían en los avances tecnológicos que diferenciaban la Mega Drive de la NES —como aquel slogan de «Sega does what Nintendon’t»— hizo que, en 1993, Sega superase a Nintendo en algunos mercados como el europeo y el norteamericano, además de arrasar en países como Brasil o Australia. 

La influencia que estaba ganando Mega Drive atrajo a los desarrolladores externos, que veían con buenos ojos lanzar juegos para la nueva plataforma.  Sega era mucho más flexible en sus condiciones de desarrollo, lo que permitía que pudieran hacer juegos más maduros y pensando en un público joven en lugar de centrarse en el público infantil —target principal para Nintendo, que abogó por juegos de carácter familiar, algo que aún forma parte de la idiosincrasia de esta compañía—.

Al ir perdiendo influencia, Nintendo fue menos estricta con los contratos con las third parties. Ya no podía exigir la exclusividad que imponía antaño, por lo que las compañías externas acudieron en tropel a llenar el catálogo de Mega Drive con grandes títulos como Aladdin (Virgin), Probotector (Konami), Flashback (Delphine), Rocket Knight Adventures (Konami) o Thunder Force IV (Technosoft), entre otros. 

Pero no todas las third parties acudieron a la llamada de Sega para surtir de títulos a la Mega Drive. De hecho, hubo una gran desarrolladora que apenas se prodigó con esa consola y se podría decir que, en comparación con la atención que sí profesaron otras grandes empresas, se olvidó de esa consola: Capcom. 

La compañía de Osaka sólo puso su sello a doce juegos de la consola, de los cuales fueron desarrollados por la propia Capcom un total de seis —de los que dos serían, en realidad, realizados por una tercera compañía contratada y supervisada por la propia Capcom—, toda vez que el resto fueron otras compañías las cuales, tras adquirir la licencia de Capcom, desarrollarían tales títulos. 

Los seis juegos que salieron de la propia Capcom fueron Street Fighter II’ Special Champion Edition (1993), Super Street Fighter II: The New Challengers (1994), The Great Circus Mystery: Starring Mickey & Minnie (1994), The Punisher (1994), Saturday Night Slammasters (1994) y MegaMan: The Wily Wars (1994). Los títulos que fueron licenciados por Sega son, básicamente, reprogramaciones o ports de títulos arcade de Capcom: Forgotten Worlds (1989), Ghouls ‘n Ghosts (1989), Strider (1990), Mercs (1991), Chiki Chiki Boys (1992) y, por último, Strider II (1990) un título que fue licenciado por U.S. Gold.

Dicen que lo mejor siempre se deja para el final, pero ante la calidad de muchos de los juegos aquí citados y la dificultad de hacer un ranking, es mejor no seguir esa máxima. Sin embargo, sí es de justicia hacer mención del peor título del listado, que no merece ni que se asocie con la marca Capcom pero que trae consigo una historia curiosa. Ese título no es otro que Strider II. Tras el éxito de las aventuras del ninja Strider Hiryu con el arcade lanzado en 1989, Capcom quiso aprovechar su tirón y hacer negocio con adaptaciones a sistemas domésticos más allá de la NES. Dada la negativa del creador del arcade, Kouichi Yotsui, a involucrarse en las adaptaciones, Capcom no tuvo más remedio que optar por una compañía externa. La agraciada fue la compañía británica U.S. Gold, que subcontrató a Tiertex para llevar el juego a Amiga, Atari ST, Commodore 64, MS-DOS, Amstrad y Spectrum con unas adaptaciones, algunas mejores, otras peores, que a la propia Capcom les pareció aceptables. 

strider 2

Al quedar contenta Capcom, encargó al tándem U.S. Gold-Tiertex una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero Yotsui se enteró del hecho de que no estaban adaptando su creación, sino continuando la saga sin su presencia. De esta forma, presionó a Capcom para que cancelara el proyecto, cosa que finalmente hizo y permitiendo, eso sí, que U.S. Gold usara lo ya desarrollado para dar forma a otro juego. Evidentemente, la noticia sentó mal en la compañía británica, que se desentendió del proyecto, al que rebautizaron como Thor, y que instó a Tiertex a que acabara el juego cuanto antes, lo que hizo en unas semanas prescindiendo de la depuración de fallos, pruebas de calidad, etcétera. 

Pero poco antes de culminar el juego, alguien en U.S. Gold se dio cuenta que el contrato que firmaron con Capcom tenía un agujero legal y podían usar la marca Strider durante dos años. Rápidamente, hicieron retoques para que volviera a protagonizar el juego Strider Hiryu y lanzaron Strider II para Amiga, Atari ST, Commodore 64, Amstrad y Spectrum, para luego portarlo para Master System y Mega Drive sin que Capcom tuviera conocimiento de nada. En suma, U.S. Gold puso en el mercado un juego paupérrimo lleno de bugs, fruto del poco esmero que realizó en la fase de desarrollo, y Capcom se desmarcó declarando que era un juego no canónico y lanzando la secuela oficial en 1999.

Tras dejar atrás uno de los peores juegos de la Mega Drive, es hora de pasar a los juegos que desarrolló la propia Sega tras obtener la licencia de Capcom. El primero de ellos fue Forgotten Worlds, un shoot’em up ambientado en el futuro en el que dos supersoldados tendrán que hacer frente a unos invasores alienígenas. Se trata de un juego entretenido con la capacidad de girar el personaje para poder disparar a todas partes. En la versión de Mega Drive, a diferencia del arcade, ambos jugadores están equipados con rifles automáticos de largo alcance y cuenta con sólo siete de los nueve niveles del juego original. 

ghouls and ghosts

El resto de juegos de Capcom que reprogramó Sega son de sobra conocidos: Ghouls’n Ghosts, que en la versión de Mega Drive no se incluyó la intro y cuenta con sprites y escenarios menos detallados pero mantiene su jugabilidad y su gran sonido; Strider, que pese a la diferencia de hardware se trata de una adaptación casi perfecta —con la única pega de que la versión de la consola de Sega moderó la dificultad— y eso a pesar de que tuvieron que ripear los sprites porque Capcom no dio facilidad alguna; Mercs, que, aparte de la rebaja técnica por la diferencia de hardware, difiere del arcade en que sólo puede jugarse en solitario, una merma de jugabilidad que fue paliada con ocho nuevos niveles —con sus respectivas nuevas sintonías— que hacía diferir el argumento con respecto al original; y, finalmente Chiki Chiki Boys, una buena adaptación en cuanto a lo gráfico y lo sonoro en el que Sega volvió a prescindir del modo de dos jugadores y añadió ligeros toques RPG y diferencias entre los dos personajes para distinguirse del arcade original.

Y para terminar este repaso cabe comentar los seis juegos que salieron de la propia Capcom. Aunque eso de salir de la propia Capcom se tiene decir «con la boca chica» porque dos de ellos fueron desarrollados por empresas subcontratadas si bien Capcom supervisó todos los pasos para garantizar la calidad de los títulos. Estos son MegaMan: The Wily Wars —desarrollado por Minakuchi Engineering— y The Punisher —adaptación del arcade hecha poor Sculpture Soft—. 

El primero supuso la primera incursión del bombardero azul en una consola de Sega con un juego que recopila las tres primeras entregas, aparecidas en la NES, renovadas gráficamente con el redibujado de la mayoría de los sprites y con mejoras en las animaciones, y añade un pequeño juego desbloqueable. El segundo, por su parte, es una casi perfecta adaptación del beat’em up basado en el antihéroe de Marvel con pequeñas carencias como las limitaciones de hardware y la censura de algunos elementos como la ligereza de ropa de las kunoichi, por ejemplo. 

mickey mouse

Finalmente, tenemos los juegos que fueron desarrollados exclusivamente por Capcom, como son The Great Circus Mystery Starring Mickey & Minnie, un plataformas protagonizado por los famosos ratones de Disney y que salió tanto para Mega Drive como para Super Nintendo; Saturday Night Slammasters, un juego de pressing catch en el que aparecía el mismísimo Mike Haggar de Final Fight y que, como en la versión de Super Nintendo, presentó unos sprites menos detallados que los de la recreativa; el Street Fighter II’ Special Champion Edition, una de las versiones mejoradas del Street Fighter II The World Warrior —cuya conversión doméstica era exclusiva de Nintendo— con la que Capcom pudo seguir haciendo caja y llevar el título a la consola de Sega; y Super Street Fighter II, el juego con mayor capacidad de toda Mega Drive (40 megas) y que supuso un upgrade del anterior título en todos su apartados, así como la incorporación de cuatro nuevos personajes. 

En suma, el sello Capcom se prodigó poco por las 16 bits de Sega, pero cuando lo hizo, lo hizo a lo grande. No en vano, de esos doce juegos con ese sello, nueve se encuentran en los distintos top 100 de los principales portales de videojuegos —quedando fuera de él el inefable Strider II, Forgotten World y  The Great Circus Mystery Starring Mickey & Minnie—, cristalizando una relación fructífera que podría haberlo sido mucho más si Capcom no se hubiera olvidado de la Mega Drive. 

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